Friday, 16 May 2014 06:56

La tía “Popó” de Bluefields

Dalila Marquines intenta resolver problemas sociales de los blufileños


Dalila Marquines (al centro), mejor conocida como “La Popó”, es muy conocida por su trabajo social y a favor de los derechos humanos. LA PRENSA/ ARCHIVO.

Amalia Morales

El sábado 8 de enero del 2011, la cárcel de Bluefields fue un campo de batalla. De un lado, los barrotes eran azotados con palos y tubos de reos furiosos que tenían miles de reclamos. Del otro lado estaban los policías, había varios tirados en el suelo, con las pistolas apuntando hacia el griterío que prometía una rebelión eterna. La tensión pudo acabar en sangre hasta que entró en escena “La Popó”.

Dalila Marquines es el nombre de “La Popó”, una mujer que es tan conocida y popular en Bluefields como el Palo de Mayo. Si alguien padece mala atención en un hospital, allí aparece “La Popó”. Si en una comisaría policial no atienden a una mujer, también llega la “Popó”. Si hay que limpiar una calle, allí está “La Popó”. Si ocurre un incendio, allá viene una recolecta promovida por “La Popó”. Si juega el equipo de la Costa Caribe, es “La Popó” la que agita la gradería con su vozarrón y después de cada juego, ella, con un grupo de “amigas” se quedan barriendo, y no se van hasta que no dejan limpio el estadio.

“La Popó” es un personaje casi omnisciente en la vida cotidiana y en los problemas de Bluefields. Está en todas partes. Es reconocida como defensora de derechos humanos, como alguien que ayuda, que le dice a los funcionarios las verdades, es una líder natural.

POPÓ PARA TODO

Una noche, varios años atrás, la Policía la buscó porque había 52 inmigrantes detenidos en la estación policial. Ninguno habla español. Algunos balbuceaban el inglés. Vienen de siete países distintos de África. Después de una larga travesía por aire, mar y tierra, el coyote que los traía los abandonó en Bluefields, les dijo que habían llegado a Estados Unidos, que Bluefields es el sueño americano. La Policía no tiene víveres para alimentar a esas 52 bocas que acaban de llegar y ¿qué hacen? Llaman a “La Popó”, quien de inmediato convoca a una tropa de mujeres, y entre cocinas una olla de “rice and beans” (arroz y frijoles), dan de comer a los inmigrantes.

Esa noche, la del 8 de enero de 2011, una vez más, llaman a “La Popó”. Ella salió de su casa en Beholden, uno de los históricos barrios afro de la ciudad, y en un santiamén estuvo en las celdas. No reparó en que había armas de fuego por un lado, ni en las armas filosas y puntiagudas del otro bando. Dice que no se fijó en nada. “¡Tía Popó, tía Popó!”, le gritaban a esta mujer de figura monumental. Nadie se oía en el alboroto. Se puso las manos en la cabeza hasta que hubo silencio. Les dijo a los reos que iba a hablar con todos, pero que se iba a sentar en el patio y les daba unos minutos para que llegaran al mismo, pusieran los cuchillos y machetes a un lado de ella, y hablaran. Se sentó. Esperó media hora, hasta que poco a poco comenzaron a llegar los reos y a dejar a un lado las armas que traían. Así se desmontó el motín en la madrugada del 9 de enero.

“Este es un don que Dios me dio y yo tengo que seguir trabajando”, dice Marquines, quien todos los días hace un programa de radio en Estéreo Bluefields. En ese espacio radial se entera de los problemas que luego intenta resolver en persona.

Dice “La Popó” que no solo gente de Bluefields le pide apoyo. “Me busca mucha gente de las comunidades que no saben dónde acudir y que a veces no habla muy bien español”.

Todos sus oyentes saben también, que si es preciso, en su programa Mira a tu alrededor y dime lo que ves, “La Popó” no deja títere con cabeza. Critica a políticos locales y a servidores estatales que no estén trabajando bien. “Yo llamo a la alcaldesa y ella me contesta y le digo lo que está mal”, dice.

Sin embargo, ella explica que su programa “es educativo, está dirigido a la familia”.

“La Popó” es la segunda de las tres hijas de Graciela Garth, “La Puná”, una de las más célebres bailarinas tradicionales de Palo de Mayo que aún vive. También es mamá de cinco hijos. No concluyó la secundaria. Llegó a tercer año, pero dice que tiene planes de seguir. Carga ese apodo desde muy temprana edad. No tenía ni 2 años, cuando pedía “popó”, la pacha de leche, y desde entonces se quedó con ese mote.

“Siempre he ayudado, me siento feliz haciéndolo”, dice esta mujer de 49 años, quien sueña con una ciudad distinta.

“A veces la gente habla mal de los jóvenes, dicen que son drogadictos y delincuentes, pero nadie va y les pregunta qué les pasa, nadie sabe cuáles son sus problemas. Eso es lo que yo hago, hablar con la gente”, afirma.

Source: La Prensa

 

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